Para los agentes de salud que están trabajando en el área materno-infantil
se abren algunos interrogantes que deberían ser contestados y que son el motivo
de este artículo.
1. ¿Cuándo se concibe un hijo?
2. ¿Cuánto dura la embriogénesis humana?
3. ¿Cómo crece y se desarrolla el bebé en el útero materno?
4. ¿Qué se entiende por un parto fisiológico?
5. ¿Por qué se debe cortar el cordón umbilical cuando deja de latir?
6. ¿Por qué se debe dejar al "recién en contacto con su madre?
7. ¿Cuáles son las necesidades básicas del "recién salido" en el puerperio?
8. ¿Por qué la "bajada de la leche" se produce entre el segundo y el tercer día?
9. ¿Por qué el bebé está "sano o se enferma"?
10. ¿Con qué modelos de causalidad abordamos la tarea?
Un investigador suizo, habiendo realizado una comparación en la escala biológica, consideró que el período
fetal en el ser humano es prolongado: dura veintiún meses, nueve de embarazo más doce de postembarazo, y culmina con la bipedestación. Este lapso es de gran vulnerabilidad, ya que solamente es posible de sortear si otro humano satisface sus necesidades básicas, en forma de simbiosis diádica en progresiva disolución, hasta alcanzar la individuación y posterior
socialización.
Estudios posteriores amplían ese período
a treinta y tres meses, dado que considera que, a los veintiún meses, el niño
camina, pero todavía no tiene ni sentido de la marcha ni la adquisición del
lenguaje como elementos fundamentales y diferenciables de la humanización.
Teniendo en cuenta estos enfoques, y si
consideramos que el período fetal es de estrecha
intimidad entre madre e hijo durante un largo tiempo de treinta y tres meses, podemos
dividirlo en dos etapas para nuestra mejor comprensión. La primera, que llamaremos
interogestación (nueve meses), y la segunda,
exterogestación
(veinticuatro meses), separadas por el parto, que es el hecho de salir y no
solo de nacer, ya que el nacimiento se opera con la concepción. El parto, visto desde esta nueva perspectiva, es solo un "
transmundeo".
La interogestación comprende, a su vez,
tres etapas que son
la concepción,
la fecundación y
el
embarazo
Figura 1: Los 33 meses
La concepción se define como
"formarse en la mente ideas o proyectos, o experimentar sentimientos, imaginar".
Cada sujeto está precedido, aun antes de
su salida del útero materno, de un universo simbólico propio de la cultura de
la cual emerge, que propone valores y creencias que se incorporarán
a su Yo.
Las representaciones de los
distintos géneros incluyen prescripciones y prohibiciones acerca de lo esperado
para cada uno de ellos, e incorporan, además, las representaciones de la
maternidad y la paternidad. En la actualidad, conviven representaciones
tradicionales con otras alternativas, no solo en el cuerpo social, sino dentro
de la propia subjetividad.
Figura 2: La concepción
El deseo de hijo depende de objetivos inherentes a su historia y, por lo tanto, es
independiente de las gravitaciones sociológicas de la reproducción en la
sociedad.
El deseo de ser padres es producto de un largo proceso que comienza en la infancia
y está directamente relacionado con el desarrollo psicosexual de la niña o niño
y, también, está determinado por los procesos identificatorios con ambos padres.
Estos incluyen las identificaciones de género, mensajes inconscientes relativos
a la masculinidad y femineidad que implican las representaciones sobre la
maternidad o la paternidad. (J. Laplanche, 1987)
El bebé se concibe, entonces, en el conciente y en el inconsciente
de los padres mucho antes de la fecundación, por lo que ocupará un lugar
esperado ya elaborado dentro de ese espacio simbólico. Este deseo de tener un
hijo origina una reescritura de las pasadas etapas libidinales de los padres.
Sigmund Freud ha descripto sus características en el deseo
de la niña pequeña, en ese proyecto de tener "un hijo con el padre". El hijo
que es posible tener entra desde temprana edad en ese espacio simbólico de los
padres, expresado en los juegos, las palabras y los sueños de la niña, ahora
futura madre. Ese hijo por venir es un proyecto sexuado, a menudo, nombrado. Es
ahí donde se ha comenzado a construir el
espacio simbólico.
Figura 3: La fecundación
Se define
fecundar como "unirse dos células
reproductoras, gametos, una femenina, óvulo, y otra masculina, espermatozoide,
que se completan mutuamente y se desarrollan en común. De esta unión resulta
una célula única, cigota. La unión de un par antagónico".
Pero existen
muchas relaciones sexuales realizadas sin ninguna medida anticonceptiva que no
dan este resultado. La mujer solo es fértil unos días anteriores y posteriores
a la ovulación. Esto ocurre en la mitad del ciclo menstrual. Una vez aclarado
esto, parecería comprensible que el acto sexual, a menudo, no llevase a la
fecundación por haber acontecido antes o luego de la menstruación, período que
suele llamarse de "esterilidad fisiológica".
Sin embargo, hay excepciones:
1. Por ejemplo, que una mujer se embarace por un coito ocurrido antes o después de su
menstruación.
2. O una mujer
que, habiendo comprobado su fertilidad en embarazos anteriores, no se fecunde,
aunque la relación sexual se haya producido durante la ovulación.
El primer
hecho puede explicarse únicamente por irregularidades en la ovulación.
El segundo
caso puede corresponder a múltiples problemas: grandes anomalías anatómicas,
intervenciones quirúrgicas rutilantes o estados infecciosos agudos.
El tipo de
dificultad más frecuente en la fecundación es la esterilidad pasajera y crónica
por causas hormonales o por espasmo tubario, es decir, la esterilidad psicógena.
Se atribuyen
diferentes fantasías a esta imposibilidad y, aunque estas interpretaciones
pueden ser banales, hoy se da más importancia a los factores psicológicos.
Las
experiencias de la primera infancia y la vivencia de los años posteriores se
imbrican para dar la posibilidad de vivir una experiencia satisfactoria.
La
fecundación se produce, por un lado, cuando los espermatozoides (una sola
eyaculación contiene de veinte a quinientos millones), una vez lanzados hacia
la vagina luego de la eyaculación, nadan a contracorriente a una velocidad de 1,5 mm por hora, en un recorrido que es de 2.500 a 3.000 veces el largo de cada uno de ellos. Y, por
otro lado, cuando el óvulo viaja pasivamente durante cuatro días, expulsado del
ovario y luego captado por la trompa de Falopio e impulsado hacia el útero,
sobre un tapiz rodante de cilias vibrátiles.
Al término
del viaje, la muerte o la vida.
1. La muerte,
si no se produce ningún encuentro entre estas dos partes.
2. La vida,
si se produce la fusión de las gametas (casamiento). Cuando solo uno de los
espermatozoides logre implantarse en la superficie del óvulo, este se
despertará y se activará, en cierto sentido.
Los
espermatozoides agitados y trepidantes no poseen ninguna reserva nutricia, se
agotan al cabo de tres días y mueren por exceso de actividad; mientras, el
óvulo que espera, lleno de reservas nutricias y totalmente inactivo, muere,
finalmente, a las veinticuatro horas por una paralización progresiva.
Para que las
gametas puedan unirse, deben sortear ciertos obstáculos y, además, contar con
una superabundancia de elementos masculinos y con la transformación físico-química
de los medios que atraviesan (secreciones del cuello uterino que acompañan a la
ovulación y que cristalizan por la acción del calor en formas de
"hojas de helecho"). Se ignora si existe una sustancia que emite el óvulo capaz de orientar a
distancia a los espermatozoides y retenerlos.
La fusión
se origina en el tercio externo de la trompa. La duración
es, aproximadamente, de treinta y cinco horas, durante las cuales, miles de
gametas que han logrado aproximarse y pululan alrededor del óvulo lo excitan y
tratan de cruzar las sucesivas barreras que lo protegen: por un parte, la
"corona radiada", halo de células granulosas, y, por otra, la membrana
transparente que la rodea.
Se cree que
la
"corona radiada" se desprende al contacto con el primer
espermatozoide. Se produce, entonces, la secreción de un "gel" capaz de
endurecerse e impedir la penetración de otra gametas.
Sea como
fuere, el espermatozoide es incapaz de penetrar en el óvulo por sus propios
medios. Debe ser ayudado por sus congéneres, cuya reunión masiva resulta
indispensable para la fecundación, pues permite la secreción en suficiente
cantidad de una enzima destructora capaz de disolver los cementos intracelulares
y separar, así, la "corona radiada".
Una vez franqueado el primer obstáculo, se adelanta un solo
espermatozoide, elegido según el proceso aún desconocido, fuertemente atraído
por el cono de atracción emitido en la superficie del óvulo.
Se ignora
todo de este punto emergente, constituido tal vez por una fuerte concentración
de hormonas.
En cuanto la
gameta se pone en contacto con dicho punto, se introduce en él y desaparece
totalmente con su flagelo. En el instante mismo de esa penetración, el óvulo
entra en actividad y se contrae, recorrido por una onda de contracción, exuda
un líquido viscoso y, al aumentar súbitamente el consumo de oxígeno, reanuda la
vida.
El
espermatozoide, sumergido en esa masa que es 85.000 veces mayor en volumen,
pierde su flagelo, y los elementos de perforación pierden su utilidad. Su
cabeza aumenta de tamaño, efectúa una rotación y se convierte en el prenúcleo
masculino y, orientado por un "aster" que toma la dirección de las operaciones, se dirige al prenúcleo femenino,
puramente pasivo, en el centro del óvulo. Una vez más, el elemento masculino
desempeña la parte activa y preponderante. No obstante, se ha llegado a la
igualdad de los dos núcleos originales y puede realizarse la fusión.
Se produce
una mezcla perfecta entre ambas células, seguida por la combinación de los
cromosomas y por la ubicación definitiva de los genes.
Desde el
momento en que se produce la fusión, aparecen dos nuevos núcleos, y su
estructura genética totalmente distinta da la orden de partida para la
construcción de un individuo completamente nuevo.
Así como los
mensajes genéticos contenidos en el esperma y en los óvulos, con sus
variaciones en relación con las leyes de probabilidad, se fusionan para formar
un nuevo ser, estas combinaciones no dejan de ser intensamente complejas, de lo
que resulta un ser totalmente nuevo.
Existe un
"pattern"
que orienta, desde el comienzo, esa construcción hacia una forma única y
perfectamente determinada a través de un intenso juego dialéctico. Dirige, por
un lado, la fusión cromosómica y, por otro, el crecimiento y el desarrollo
(maduración) del feto dentro del útero mediante el aporte de sus suministros
básicos. Este juego dialéctico tiende hacia una forma equilibrada, armónica,
casi perfecta.
Figura 4: EL
embarazo
Ya a las dos
semanas, el huevo o cigota sufre, en uno de sus polos, una invaginación que
origina la primera división, es decir, la formación de dos capas: una externa,
ectodermo,
y otra interna,
endodermo. En la tercera semana, se origina la tercera capa,
mesodermo. Cada una tendrá la misión de formar los distintos tejidos y
órganos del cuerpo.
La capa
externa o ectodermo va a formar lo más externo del bebé
(la piel) y
también lo más interno
(el tronco encefálico). Entre ambas formaciones,
haciendo de puente de unión, se forman las vías de conducción nerviosas.
La vida
supone excitaciones de diverso orden (energías y vibraciones), vinculadas con
sensaciones de todo tipo. En la cavidad materna, el embrión es estimulado por
múltiples excitaciones cuyas consecuencias son casi indiscernibles, y que inician
el largo camino de la maduración a través de complejas transformaciones.
Desde el comienzo,
el embrión se encuentra rodeado por estímulos uterinos que
recibe como ser vivo dentro de su muro protector, sensaciones de íntimo
contacto corporal que tienen como finalidad proporcionar las excitaciones necesarias.
El útero materno es el motor del crecimiento y del desarrollo del nuevo
ser. Sus funciones son estimular al feto constantemente
(contracciones de todo orden), contrarrestar la gravedad, actuar como un
verdadero corazón periférico, influir en la acomodación del bebé y, en los
últimos momentos del embarazo, formar el segmento inferior del útero para preparar
la salida.
Este complejo mecanismo pocas veces es tomado en consideración, y solo
se da importancia al funcionamiento placentario.
¿Cómo crece y se desarrolla el bebé en el útero materno?
Con su intensa y precoz actividad de estimulación sobre el
ectodermo del embrión, el útero materno procura los estímulos necesarios para
su formación. Se establece así una corriente de estímulos entre la actividad
uterina y el incipiente cuerpo del bebé representado por su piel que los recibe,
acumula y, luego, los retransmite hacia el interior de su cuerpo, específicamente
al Sistema Nervioso Central, por las vías de conducción nerviosas y, de ahí, se
recodifican en nuevos estímulos y hormonas que se vuelven a las distintas
partes del cuerpo.
¿Cuáles
son los suministros básicos?
Contención,
contacto corporal, movimiento y sonido, succión (no nutricia) y alimentación,
aportados por el útero materno en un cien por ciento de forma continua,
uniforme y armónica; ya que en ningún momento aparecen situaciones de carencia
o de sobrecarga. De ser así, traería aparejadas alteraciones irreversibles en
el desarrollo del bebé.
1. CONTENCIÓN: El embrión está abrazado por
el útero, tejido a tejido; no se encuentra flotando libremente como quieren
mostrarnos algunas representaciones que confunden el estado antigravitario del
bebé como si estuviese en las mismas condiciones de un astronauta. La
ingravidez es una de las tantas funciones que cumple el útero materno,
sosteniendo férreamente al bebé y aportándole constantemente estímulos de
diferentes calidades a través de intensas o suaves contracciones, en ondas o en
bloque, que constituyen vibraciones de todo tipo que son absorbidas por la piel
del bebé, muy receptiva y acumulativa.
2. CONTACTO CORPORAL: El papel que juega la
piel en el desarrollo y en el crecimiento del bebé es esencial. Es el primer órgano sensorial que se origina y se desarrolla al mismo tiempo que el sistema nervioso primitivo, y la sensibilidad
cutánea es extremadamente precoz desde los primeros momentos. La piel del feto está constantemente masajeada por el líquido amniótico, las
contracciones del músculo uterino y la pared abdominal.
Las estimulaciones
táctiles contribuyen al desarrollo del sistema nervioso y, por ende, a todo el
cuerpo. Se podría considerar a la piel como el más
primitivo de los sentidos. La primera experiencia, tal vez, la más elemental y
predominante del ser humano intraútero es la táctil. Cómodamente alojado en el útero materno, el feto siente contra toda la superficie del
cuerpo la sensación cálida y pareja del fluido amniótico y las presiones del
útero, como asimismo, los sonidos del interior, por ejemplo, el rítmico latido
del corazón y de la voz materna. Podemos
calificar a la piel como un complejo órgano sensorial de recepción y
acumulación de estímulos y, al Sistema Nervioso Central como integrador, analizador
y ordenador.
¿Pero no
se corre el riesgo de que se estimulen algunas zonas más que otras, debido a
que la actividad estimuladora del útero no es uniforme?
El feto se
encuentra en situación antigravitaria gracias a que la gravedad es contrarrestada
por el útero, es decir, la gravedad no puede ejercer sus efectos en el cuerpo
del bebé porque se halla bajo el
Principio de Pascal, que afirma que
"la
presión aplicada sobre el fluido contenido en un recipiente se transmite por
igual en todas las direcciones y a todas partes del recipiente, siempre que se
puedan despreciar las diferencias del peso".
En el año
1653, el físico francés Blaise Pascal realizó un experimento que consistió en
ejercer una presión en un tonel o barril lleno de agua, con el peso de una
columna del mismo líquido contenida en un tubo delgado y muy alto
(aproximadamente 10 m); la presión ejercida por dicha columna fue de tal
magnitud que el barril se rompió. De esta manera, Pascal pudo comprobar que la
presión aplicada a un líquido encerrado y en reposo se transmite integralmente
a todas las partes del fluido y a las paredes del recipiente que lo contiene.
Concluimos
diciendo que no importa cómo el útero se pueda contraer en intensidad,
extensión o fuerza: siempre los estímulos se distribuirán uniformemente a toda
la superficie cutánea del bebé.
3. MOVIMIENTOS Y SONIDOS: El feto vive en
un ambiente de sonido, vibración y movimiento, que, a su vez, recibe en su
cuerpo.
Estos
estímulos, desde las dieciocho semanas, son captados y registrados por los
sentidos, a través de la piel, en primer término, pero, también, mediante lugares
especializados para registrarlos, como el oído vestibular y coclear,
respectivamente. El feto comienza a escuchar y a responder a los sonidos. La
voz de la madre es particularmente diferenciable frente a otras voces; los
sonidos, como los latidos cardíacos, tienen un impacto sorprendente sobre los
movimientos. Se sabe que oye y puede responder a estímulos intraabdominales y a
los ruidos externos.
Desde los seis
meses de vida intrauterina, es posible advertir modificaciones del ritmo
cardíaco ante la audición de un determinado sonido o movimiento, y esto juega,
en ese sentido, un papel muy importante.
A parte del movimiento corporal de la
madre, lo que principalmente pone en vibración al líquido amniótico y a las
paredes uterinas son los constantes sonidos internos del cuerpo de la madre, el
sonido de su voz y los sonidos externos que pueden llegar al útero. El bebé
percibe los sonidos como
vibración táctil ya desde las primeras semanas
de gestación desde su fase embrionaria.
En condiciones
naturales, el feto se halla expuesto a toda clase de sonidos:
1. Los provocados por
las acciones maternas (golpeteo de los zapatos contra el suelo, motor de un automóvil, retumbar del subterráneo, ruidos de los quehaceres domésticos, del
trabajo o de las actividades de esparcimiento).
2. Los que provienen
del ambiente (voz del padre o de otros miembros de la familia, de colegas del
trabajo u otras personas, ruidos de la casa, de la calle, etc.).
Los ruidos
extremadamente repetitivos constituyen una especie de "paisaje
sonoro" al que el bebé termina por habituarse, deja de reaccionar y ya no
los integra como informaciones. Los sonidos de todos los días se convierten en
un "fondo" familiar necesario, factor de seguridad y elemento de
orientación para diferenciar las "formas" que sí tendrán valor
informativo.
4. SUCCIÓN: La boca (zona oral) interviene
activamente en la estimulación cerebral a través de los estímulos orales (succión
no nutricia) mediante los cuatro pares de nervios craneanos.
Es importante mencionar que el reflejo de deglución se encuentra
presente desde la semana doce de gestación; y, a partir de las semanas treinta
y dos a treinta y cuatro, el feto sano puede deglutir adecuadamente. El reflejo
de succión aparece en la semana veintiocho; consiste en movimientos rítmicos y
coordinados de la mandíbula y de la lengua. Otro reflejo importante durante el amamantamiento es el reflejo de búsqueda; este se encuentra presente desde la
semana treinta y dos, es la respuesta que se presenta al estimular la comisura
de la boca o los labios del bebé.
Aunque nos
preguntemos para qué succiona el bebé en el útero materno, qué necesidad tiene
si esa no es su vía de alimentación, podríamos decir que el bebé se prepara y,
más precisamente, alista su boca con sus cuatro pares de nervios craneanos y su
actividad motora, la succión, para restablecer el vínculo posterior al parto
boca-pezón de autoestimulación y estimulación recíproca.
La
embriología nos informa el modo en que se desarrolla la cavidad bucal en los
seres humanos y nos ayuda a explicar por qué tantas funciones se encuentran
fusionadas en la primera actividad bucal mucosa. Esta es, desde el punto de
vista del desarrollo, parte de la piel que se ha plegado y será la superficie de
contacto con el otro ser que pondrá en juego para humanizarse. La boca es, esencialmente,
un órgano del tacto.
Los nervios relacionados con la boca
son cuatro (par V trigémino, par VII facial, par IX gloso-faríngeo y par XII
hipogloso).
En las
primeras semanas del desarrollo fetal, la nariz y la boca son una cavidad única
separada por una membrana que más tarde se desgarra y desaparece. Es, al
comienzo, una amplia cavidad situada por debajo del cerebro y con el cual mantiene
una conexión íntima. El paladar óseo se separa de la nariz, y la boca empieza a
desarrollarse a partir de la sexta semana de gestación.
Esta es una
característica de los animales mamíferos y desempeña el importante papel de
dividir la boca en una cavidad masticatoria y otra respiratoria. La musculatura
de la lengua que ha de ser el órgano principal de la succión y, posteriormente,
el del lenguaje, comienza a desarrollarse mientras la boca y la nariz forman
una cavidad continua. Se origina muy cercana al corazón y sus fibras son muy
parecidas a las del músculo cardíaco. La lengua, al principio, está situada
directamente sobre la arteria principal que va a la cabeza, lo que sugiere que
su primera función esté relacionada con la impulsión de la sangre hacia el
cerebro.
Merced a
esta actividad primitiva, quizás, la lengua sea para el cerebro el órgano
nutritivo y respiratorio.
En su
desarrollo, se desplaza hacia arriba hasta el piso de la boca y comienza a
ejercer nuevas funciones. La impulsión hacia arriba, que constituye su primera
actividad, es, directamente, el reverso de la succión.
Esta acción
se observa, a veces, en los niños prematuros que han tenido dificultades para
establecer la succión postnatal. La lengua, en cierto período del desarrollo,
actúa como una válvula que impide que el líquido amniótico fluya a los
pulmones. La función táctil de este importante órgano comienza alrededor del sexto
mes de vida fetal. Su función aspirante la hace ir y venir por todo el
accesible paladar óseo, y esto es, con toda probabilidad, la primera
experiencia táctil directa del individuo.
Los nervios
que llegan a la lengua y a la mucosa sensorial de la boca están todos
correlacionados en el reflejo de succión y, alrededor de este importante mecanismo,
se desarrolla la vida sensorial del niño. La succión, entonces, forma parte de
la conducta instintiva para la que el niño está dotado al nacer y, por su
estrecha relación con el Sistema Nervioso Central, es el motor de estimulación
de todo su cuerpo.
5- ALIMENTACIÓN: Las funciones de la
placenta son la nutrición, eliminación de desechos, funciones endócrinas
y tolerancia inmunológica.
Los
suministros básicos se aportan en un continuo, sin espacio de tiempo, sin carencias
ni sobrecargas, de lo contrario, acarrearía importantes alteraciones en el
curso del crecimiento y del desarrollo del bebé.
Figura 5: El Parto
También
llamado parto ecológico, o bien, transmundeo.
El feto está preparado para salir y ser expulsado lenta
pero inexorablemente desde su rítmico y abrigado refugio hacia el exterior. Ha
sido sometido durante horas a una gran presión, y es forzado a salir hacia el
mundo exterior y siente, por primera vez en la piel, intensas estimulaciones, la
atracción de la gravedad, la presión de la atmósfera y una temperatura que no
es la del cuerpo. El bebé va a enfrentar ahora una
nueva situación ecológica y cae bajo el efecto de las constantes de identidad:
el aire de la respiración atmosférica, la necesidad
inmediata de oxígeno, "hambre de oxígeno", que es lo que la madre ya
no podrá trasmitirle por la placenta.
Con la salida del claustro materno, la dependencia materna no
cesa, y los aportes que han sido suministrados en el útero materno se continúan
fuera. El contacto corporal –piel con
piel– del bebé y la madre se hace ahora absolutamente necesario para la
continuidad de un completo desarrollo de su sistema nervioso y de todo el
organismo. La mayoría de los mamíferos lamen sus crías apenas nacen, acto indispensable
para estimular el desarrollo de ciertos órganos internos, el sistema
respiratorio, el cardiovascular. Esta necesidad se cumple también en el
ser humano, pero de otra forma, y está dada por el giro que el bebé debe realizar
para salir del útero, cuyo rozamiento origina suficientes estímulos para
asegurar la energía necesaria para realizar los cambios que impone la vida
extrauterina. De hecho, el masaje que
recibe el feto durante su recorrido por el canal de parto en un parto
"fisiológico" cumple buena parte de esa función; el resto queda supeditado a
los brazos y el regazo de la madre. Aunque el bebé ha salido ya del útero, su
dependencia del cuerpo materno seguirá siendo absoluta y pasará un largo tiempo
para concretar su autonomía. De aquí la importancia del contacto corporal permanente,
afectivo y epidérmico, en los primeros momentos.
Diferir
el corte del cordón umbilical hasta el momento en que deje de latir produce
efectos positivos para la nueva adaptación: uno, de índole biológica, es la
permanencia de ambas vías de oxigenación, umbilical y respiratoria, lo que
permite una separación menos traumática, una adaptación más suave, amortiguando
el trauma de nacimiento, además del mayor aporte sanguíneo y de hierro. El otro
es ayudar a la elaboración de la separación de esa unión intraútero tan
estrecha del bebé con su madre.
El bebé tomará contacto con la gravedad, los olores de las
personas y las cosas, las bacterias, los virus, los hongos y los biorritmos. Además,
experimentará hambre, sed, necesidad de respirar, el frío y el calor y, por
primera vez, conocerá el dolor. La madre, a través del contacto y del
movimiento oscilatorio, estimulará la respiración y le enseñará a respirar.
Cuando el bebé sale del apretado abrazo uterino, ya ha cumplido un
proceso complejo de individuación y diferenciación biológica. Este proceso se
realiza bajo lo que puede ser descripto como "ley de la placenta", la
cual cumple funciones hasta el momento en que el bebé es capaz de cumplirlas por
sí mismo. Cada adquisición funcional se correlaciona con la pérdida de la misma
función de la placenta, hasta que, a las cuarenta semanas de gestación, ya no
tiene nada que hacer porque el feto es capaz por sí mismo de realizar un sinnúmero
de funciones.
Los suministros básicos que lo hicieron madurar al salir del
claustro materno se convierten ahora en
necesidades básicas,
que
son las mismas que ha recibido en el útero, pero presentarán mayor complejidad.
LAS NECESIDADES BÁSICAS EXTRAUTERINAS
Figura
6: Los primeros 9 meses
1. CONTENCIÓN–SOSTENIMIENTO:
El regazo representado
por el cuerpo y los brazos maternos es el órgano efector físico y emocional
continuador del vínculo diádico iniciado por el útero, por medio del cual el
niño encuentra, en primer lugar, la noción de
límite. Además,
contrarresta
la gravedad, origina el clima de
seguridad, y brinda elementos de
proximidad, como son el
calor,
turgencia,
olor,
sabor,
el tipo de tensión que añaden el
"tinte hedónico" al vínculo
diádico.
Para
Donald Winnicott, las tres funciones maternas de una "madre
suficientemente buena" son:
1. sostenimiento
(holding),
2. manipulación (handling)
y 3. mostración de objetos. Antepone el concepto de función frente
al del sujeto que la realiza (madre, padre o sustituto). Esto implica una
acción, un movimiento que posibilita un proceso, más allá del individuo
concreto, biológico, que realiza el cuidado materno. De ahí que la función
materna pueda ser ejercida, indistintamente, por todo aquel que tenga
condiciones y disposición para hacerla. Estas tres funciones determinan, de
forma correlativa, una forma de desarrollo en el bebé, un primer proceso de
integración en la fase de dependencia absoluta, un proceso de personificación
en aras de la unidad psique-soma y un proceso de realización que fundamenta la
capacidad de establecer relaciones interpersonales.
El término
holding
procede del verbo "
hold": sostener, amparar y contener. La
función del sostenimiento es un factor básico del cuidado materno que corresponde
al hecho de sostenerlo de manera apropiada (orgánica y emocionalmente). Dice
Winnicott: "
Me conformo con utilizar
la palabra sostén y con extender su significado a todo lo que la madre es y
hace en este período de dependencia absoluta". La expresión "sosteniendo al
bebé" es tomada de una expresión coloquial inglesa que alude a alguien que
coopera con otro en una tarea, se marcha y lo deja a uno "sosteniendo el bebé".
A lo que añade que una madre tiene un sentido de responsabilidad, y que, si
tiene un bebé en sus brazos, está comprometida de un modo especial. También
recuerda que "sostener a un bebé es una tarea especializada". En el desarrollo
emocional primitivo, la noción de "
holding" describe la función
de la madre que permite la continuidad del ser del bebé: todo lo que la madre
es y hace con devoción corriente. La madre que sostiene al bebé con
tranquilidad (sin miedo a dejarlo caer), adecuando la presión de sus brazos a
las necesidades de su bebé, lo mece con suavidad, le susurra o le habla
cálidamente, etcétera, le proporciona la vivencia integradora de su cuerpo (seguridad)
y una buena base para la constitución de su psiquismo.
Otra de las funciones maternas es la manipulación o manejo (
handling),
que "contribuye a que se desarrolle en el niño una asociación psicosomática (la
unidad psique-soma) que le permite percibir lo "real" como contrario de lo "irreal".
La manipulación facilita la coordinación, la experiencia del funcionamiento
corporal y de la experiencia del Yo. Favorece la personalización del bebé.
La tercera función materna, es la presentación objetal (
objet-presenting),
que consiste en mostrar gradualmente los objetos de la realidad al bebé para
que pueda hacer real su impulso creativo. Winnicott lo describe así: "
La
mostración de objetos o realización (esto es, hacer real el impulso creativo
del niño) promueve en el bebé la capacidad de relacionarse con objetos". A
medida en que la madre habilita en el bebé la capacidad de relacionarse con los
objetos, este despliega su capacidad de habitar el mundo que lo rodea.
La maduración (crecimiento y desarrollo) del bebé, es
producto de un largo proceso de incorporación y acumulación de experiencias, recibidas
a través de otro ser humano que las posibilite, la madre, luego el padre o la
persona cuidadora. Este vínculo tiene, desde el comienzo, una importancia
absoluta, y, más tarde, solo relativa. Es posible describir el curso del
desarrollo en términos de dependencia absoluta, dependencia relativa y
tendencia a la independencia.
2- CONTACTO CORPORAL:
Es uno de los mayores impactos del nacimiento. El bebé explora
mediante el tacto; es así como descubre dónde termina su propio cuerpo y
empieza el mundo exterior. Cuando comienza a moverse, el sentido del tacto
es su primera guía. Se encuentra con superficies que lo enfrentan y superficies
que ceden; con el calor y con el frío; con objetos ásperos y suaves.
La piel tiene varias funciones:
1. Una función de sostén del esqueleto y de los músculos, y
también de la formación del aparato psíquico.
2. Continente
de todo el cuerpo, los órganos, los sentidos, y contiene al aparato psíquico.
3. Protege
el interior del cuerpo a través de la capa superficial de la epidermis. Cumple una función de protección de la capa sensible en la que se encuentran las
terminaciones nerviosas.
4. Tiene una
función de límite, ya que impide la entrada de cuerpos extraños y permite el
paso de ciertas sustancias complementarias o asimilables. Una función de
individuación le otorga el sentimiento de ser, un ser único y capacitado para
establecer o interrumpir determinados contactos e intercambios.
5. En la
piel se alojan, además, los órganos de los otros sentidos. Esto le da una
función de intersensorialidad: envoltura táctil en la que parecen registrarse
otras sensaciones, de distintas naturalezas, que se integran definitivamente al
sistema nervioso.
La
alimentación del bebé, la higiene, los cuidados y caricias acompañados de
contactos, generalmente agradables, que preparan al autoerotismo y se sitúan
como telón de fondo para la sexualidad, otorgan a la piel una función de fuente
de placer.
6. La piel
es objeto de una fuerte carga libidinal, cumple la función de superficie de la
excitación sexual en la que se pueden localizar zonas erógenas, reconocer la
diferencia de sexos y su complementariedad.
7. La piel
es superficie de estímulo del tono senso-motor.
8. Mediante
sus terminaciones nerviosas, proporciona información directa acerca del mundo
exterior, realiza la función de inscripción de huellas sensoriales táctiles, función
reforzada por el entorno materno. Además, con un apoyo biológico, es un primer
dibujo de la realidad que nos rodea y se imprime en nuestra piel.
9. Todas
estas funciones están al servicio del apego.
3- MOVIMIENTOS Y SONIDOS:
El oído
vestibular y el sentido del movimiento en la protoinfancia adquieren una
extraordinaria importancia en la estructuración de la personalidad. La mayoría de los bebés normales reaccionan bien frente a los movimientos de
balanceo que se asemejan a los recibidos en el útero materno o a un estímulo
vibratorio general, si se aplican con prudencia.
El oído
coclear es el que posee la sensibilidad para registrar el sonido. Existe un
miedo primitivo a los ruidos fuertes y repentinos, el bebé reacciona a esto en
la misma forma que lo hace frente a una postura insegura, es decir, con un
sobresalto.
Las palabras
y el canto de la voz humana, sobre todo de la madre, es lo que contribuye más
profundamente a la formación de su psiquismo y brinda la acogedora tranquilidad
que todo niño necesita. Aquí se fundamentarán las bases para la futura construcción
del lenguaje.
4- SUCCIÓN NO NUTRICIA:
Actividad de
la zona oral necesaria para la supervivencia. Se conocen dos tipos de succión:
Succión no nutricia: Se produce sin
introducir líquido en la boca. Puede producirse espontáneamente cuando el niño está
despierto, pero es más común durante el sueño. La secuencia de succión es en
episodios de tres a cuatro segundos, alternándose con tres a diez segundos de
reposo, aumenta con la introducción en la boca de un objeto suave y maleable.
Succión nutricia: Se produce al
introducir líquido agradable en la boca del lactante, es regulada por el SNC. La
secuencia succión-deglución se repite de a una por segundo. Está controlada por
el estímulo sensorial y por la concentración de carbohidratos presentes en el
líquido nutritivo.
Las observaciones se centran en el comportamiento del niño al
alimentarse: excitado, desinteresado, flojo.
Es importante el significado de que, luego de mitigar su hambre
doloroso, el bebé tienda a succionar no con la finalidad de comer, sino para
estimular su organismo, ya que no hace vacío para extraer la leche y no traga. Esta
acción no solo le provoca un estado placentero al bebé, también estimula a la
madre.
5- ALIMENTACIÓN:
Es la actividad
conjunta de la boca-pezón-succión-deglución para recibir los nutrientes a
través de la lactancia materna. Es el resultado de un compromiso entre
las
demandas del lactante (necesidades básicas) y las que se expresan en
los
cuidados maternos (el aporte de esas necesidades), es decir, es el reflejo
de una doble búsqueda de adecuación.
Así, el
registro gráfico de los movimientos de succión por un dispositivo capaz de
evaluar los criterios cuantitativos (duración de las comidas, frecuencia de las
succiones, duración total de las succiones con respecto a las comidas,
interrupción de la succión, espontánea o impuesta por la persona que lo
alimenta) y los criterios cualitativos –en forma de curvas (distribución
temporal y espacial)– muestra la existencia de
un sistema de succión
personal, casi constante a lo largo del período de alimentación por
lactación, a partir del cuarto día.
Todo hace
pensar que este sistema es un compromiso entre los ritmos del recién nacido y
los que la madre imprime durante la lactación: hay en él una
búsqueda de
sincronía.
Los reflejos necesarios para la alimentación del lactante.
DE 0 A 3 MESES:
|
Reflejo de hociqueo (puntos cardinales)
|
Reflejo de búsqueda (rooting reflex)
|
Reflejo de succión
|
Reflejo de protrusión lingual (1/3 medio)
|
Reflejo de deglución
|
La
orientación anticipatoria del recién nacido aparece al segundo día como una
reacción compleja vinculada con el grado de vigilancia del niño y, además, con
el ritmo del movimiento materno.
La función
alimentaria es estable si en la práctica la madre está atenta a los requerimientos
(signos) emitidos por el niño; en cambio, la alimentación del bebé en horarios
estrictos y a cargo de distintas personas determina la aparición de signos de
aflicción.
La
comunicación madre-hijo aparece, entonces, como un intercambio de signos y
señales que funciona según un modelo dialéctico, regido por la ley de la
contradicción que reemplaza al análisis aislado de las posiciones maternas por un
lado y, por otro, de las conductas del lactante.
La conducta interactiva
diádica dialéctica terciada por el eje neuroendocrino y las funciones
fisiológicas de la madre y el recién nacido están ligadas a través de las
emociones que circulan entre ellos, estas expresan la tonalidad afectiva del proceso
de vinculación en curso.
Este vínculo complejo
madre–recién nacido durante la lactancia marca un proceso dinámico, dialéctico,
que evoluciona en el tiempo y debería organizarse en una postura ya adecuada a
los tres o cuatro días, es decir, al alta de la maternidad. Evidencia el grado de armonía del dialogo corporal, tónico y cenestésico entre
los protagonistas. La madre transmite mensajes emocionales a través de la
postura, el tono muscular y la forma en que sostiene a su hijo. Las
modificaciones de postura y de tono muscular son captadas por el bebé modulando
el ritmo de la succión. La madre debe acoplarse sincrónicamente respetando las
pausas del bebé, la intensidad y el vigor con que mama, tolerar el dolor y las
sensaciones placenteras que, en ocasiones, desconciertan e inquietan a las
mujeres de personalidad más estructurada. Las observaciones registradas por
investigadores franceses en 1979
son las siguientes:
1.
Posturas ajustadas
con lactancia satisfactoria: la posición de ambos es cómoda, los
movimientos son armónicos y permiten la alimentación prolongada y el
intercambio de miradas y caricias.
2.
Posturas ajustadas
con esfuerzo materno con lactancia satisfactoria: la madre mantiene una
posición incómoda que la cansa al poco tiempo y dificulta el intercambio de miradas
y caricias.
3.
Posturas desajustadas
con lactancia ineficaz: la adaptación recíproca es imposible, los dos
cuerpos están distantes, casi sin contacto; al menor movimiento de la madre se
interrumpe el contacto boca-pezón. El bebé puede estar tónico o pasivo. La
posición que adopta la madre es, en sí misma, una comunicación. Expresa una
actitud mental: la posición afectiva o de rechazo, su comodidad o incomodidad,
su distensión o su estado de tensión, su inhibición. Cómo lo sostiene define la
relación que ha establecido con él. Hay una interacción entre las características específicas de la forma de mamar del bebé y las vivencias de la madre. Las características con que el bebé mama son
variables: vigor, frecuencia y regularidad del ritmo de la succión varían
individualmente y evolucionan en el tiempo.
LA DIALÉCTICA DE LAS NECESIDADES BÁSICAS
Cuando el bebé sale del claustro materno, los
cinco suministros básicos intrauterinos
se continúan y se convierten en
cinco necesidades básicas, con
una movilidad diferente, más compleja, que dinamiza el vínculo madre-bebé.
Estas derivan en quince posibilidades, porque cada una de ellas pueden ser
aportadas adecuadamente, sobrecargadas o bien carenciadas. Se perfila, desde el
inicio, una búsqueda de la estabilidad. Por eso decimos que es un equilibrio inestable y que el equilibrio absoluto no
existe; esta inestabilidad es el motor de vida.
| Contención-sostenimiento |
sobrecarga |
equilibrio |
carencia |
| Contacto |
sobrecarga |
equilibrio |
carencia |
| Movimientos y sonidos |
sobrecarga |
equilibrio |
carencia |
| Succión no alimentaria |
sobrecarga |
equilibrio |
carencia |
| Alimentación |
sobrecarga |
equilibrio |
carencia |
¿En qué consiste la dialéctica en el aporte de las necesidades básicas?
Dialéctica se define como la forma en que se contrapone una determinada concepción,
entendida como
tesis (lógica), y la muestra de los problemas y
contradicciones, entendida como
antítesis. De esta confrontación surge un tercer momento
llamado
síntesis, una resolución o una nueva comprensión del problema.
Se concibe la realidad como formada por opuestos que,
en el conflicto inevitable que surge, engendran nuevos conceptos que, en
contacto con la realidad, entran siempre en contraposición con algo.
A mayor cantidad, la materia se transforma en una cualidad
distinta y los cambios se interconectan y se provocan los unos a los otros.
Esto nos dice que, en el aporte de las necesidades básicas, se producen
contradicciones que se van superando, y que, en el curso del tiempo, se complejizan
y se transforman.
La dialéctica nos propone una
interpretación de la realidad concebida como un proceso en el que se suceden
una variedad infinita de fenómenos, a partir de otros anteriormente existentes
(ejemplo: de los suministros básicos intrauterinos a las necesidades básicas
extrauterinas). Esta sucesión, no obstante, no se produce al azar o
arbitrariamente, ni se encamina hacia la nada o el absurdo: todo el proceso
está regulado por leyes que determinan su evolución desde las formas más
simples a las más complejas, y que van afectando a todo el proceso.
Las leyes según las cuales la materia
se mueve y se transforma son leyes dialécticas y no es, solo, un proceso
mecánico en el que se suceden los tres momentos del movimiento (tesis,
antítesis y síntesis), sino que la dialéctica es
"la ciencia de las leyes
generales del movimiento". Es mirar diferente cuando consideramos las cosas
en su movimiento, en su transformación y en sus recíprocas interacciones.
Inmediatamente, tropezamos con contradicciones. Las formas superiores del
movimiento de la materia, y muy especialmente de la vida orgánica y su
evolución, se visualizan en que un ser es en cada momento el mismo y otro
diverso.
El aporte de las necesidades básicas es un hecho de vida, por tanto, es
también una contradicción presente en las cosas y en los hechos mismos, Se pone
y se resuelve constantemente, y en cuanto cesa la contradicción, puede cesar
también la vida. Cuando las necesidades se aportan, van apareciendo las
contradicciones, que se van resolviendo a medida que avanza el crecimiento y el
desarrollo. Siempre la realidad va a ser contradictoria.
Entre las parejas de contrarios que
originan el movimiento podemos dar como ejemplos: sobrecarga y carencia, atracción
y repulsión, movimiento y reposo, excitación e inhibición, cantidad y cualidad,
salud y enfermedad.
El
contacto, movimiento y sonido,
succión (no nutricia), contención y alimentación son las necesidades
básicas en continuo movimiento, carenciándose o sobrecargándose
independientemente o en conjunto, en una constante evolución cuya intención de
las partes del vínculo padre-madre-hijo es lograr mantener el mayor equilibrio
posible, buscando una simetría.
La acumulación o disminución de los
aportes es progresiva, mientras que el cambio de cualidad supone una
modificación, es decir, que cuando se pasa de poseer una cualidad a otra
hablamos de
"salto cualitativo",
un ejemplo es el parto
o transmundeo.
Figura 7: La dialéctica de las necesidades básicas
En síntesis, todo movimiento es el
resultado de una lucha de elementos contrarios, el salto cualitativo implica la
resolución de una contradicción, que da lugar a una nueva realidad, que
representa un avance en el desarrollo.
El salto cualitativo no supone el mero
cambio de una cualidad por otra, sino por otra que supera, de alguna manera, a
la anterior, por ejemplo, de los suministros básicos intrauterinos a las
necesidades básicas extrauterinas, e incluye la anterior (
transformación
dialéctica).
Una vez alcanzado este estadio del
movimiento, nos encontramos ante una nueva realidad que entrará de nuevo en
otro ciclo de transformación dialéctica, que dará lugar, así, al desarrollo
progresivo que se dirige hacia formas más complejas, más perfectas, integrándose
a la realidad.
Entendemos que el bebé, al recibir el adecuado
aporte de sus necesidades básicas, aprende a conocerlas a través de las
vivencias de satisfacción y de insatisfacción, de bienestar o malestar que pueden
despertar. La dialéctica marca que la madre puede satisfacer algunas
necesidades básicas adecuadamente, en cambio, otras no; pero todo está ligado
en un movimiento conjunto, marcando una tendencia al crecimiento y al desarrollo,
a una disposición general del hecho vital.
El perfecto equilibrio es ideal, pero
es cierto que, con el correr de los días y de las semanas, la madre va aprendiendo
a reconocer las necesidades de su hijo y a satisfacerlas mejor, y su bebé, a su
vez, también comienza a aprender como debe demandarlas, por ejemplo, cómo quiere
alimentarse, cómo quiere ser calmado, cuándo y cuánto quiere comer, cuándo
quiere solamente succionar o en qué posición está más cómodo.
El malestar aparece cuando el binomio
madre-bebé no se entiende, no logra acercarse a esa simetría. Entonces, el sistema
comienza a desequilibrarse y, cuando va más allá de las posibilidades de
retorno, la atmósfera vincular se enrarece, el movimiento se altera, se
rigidiza y traspasa el límite de lo posible. La sobrecarga o la carencia se
agudizan hasta el punto de la desestructuración del vínculo y, por consiguiente,
se posibilita la enfermedad, a veces, sin retorno, ya que se pierde ese juego
dialéctico que no permite recuperar el equilibrio. Cada área a la que
corresponde cada una de las necesidades básicas son representativas de una región
corporal y, en ese juego de distorsiones, aparecerán los signos y síntomas del
desajuste.
Anteponemos una causalidad dinámica a
una causalidad lineal, para entender la salud y la enfermedad (teoría de la
causalidad recíproca, series complementarias) con la intención de integrar los
múltiples factores. La suma de los
factores hereditarios (cromosómicos)
y
congénitos (serie 1) más las experiencias infantiles,
equilibrio o
desequilibrio en el aporte de las necesidades básicas (serie 2), originan
lo que se llama la disposición (a enfermar o a estar sano). Si a esto se añade
el factor desencadenante (serie 3), estamos frente al desequilibrio/enfermedad.
Si vemos a la salud y a la enfermedad
también como un par dialéctico de lucha de opuestos que busca su equilibrio,
podríamos comprenderlas como las caras de una moneda, están juntas pero
separadas.
Por otra parte, la enfermedad, a veces,
es la única salida que puede encontrar el organismo frente a un desajuste.
¿Puede el aporte de las necesidades básicas constituir un espacio transicional?
Transición es "la acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto". Deriva del
latín
transitio.
El término
"transicionalidad" significa "modalidad
de funcionamiento psíquico que constituye los fenómenos, el espacio y los
objetos transicionales".
El espacio transicional es virtual, se abre entre la
subjetividad del infante y el reconocimiento del mundo exterior. Los fenómenos
transicionales son generadores de ese espacio potencial de experiencia y
acaecen en él.
Son fenómenos de características ilusorias que,
partiendo de una indistinción entre lo subjetivo y lo que es exterior al
sujeto, devienen en ámbitos y procesamientos distinguibles y relacionables.
Pensamos que, en el aporte y la satisfacción de las
necesidades básicas, se crea un espacio transicional entre la madre y el bebé, que va creando una modalidad de vínculo más
allá de los aportes reales. Un espacio donde el bebé puede alucinar que crea
esta satisfacción y, a su vez, la madre siente, concretamente, que la
satisface.
Con la emergencia de la transicionalidad se va
produciendo el nacimiento y despliegue de tres espacios de experiencia:
el
potencial,
el interno y
el externo.
A partir de esta formulación, Winnicott interpreta que
debe existir un espacio transicional entre la vida en la realidad subjetiva tal
como el bebé la vive y la aceptación de la realidad exterior.
También, para este autor, existe un espacio intermedio
que no es ni el espacio exterior objetivo (por ejemplo, la madre real) ni el
interno subjetivo (por ejemplo, la representación interna de la madre).
Este
tercer espacio se sitúa en la intersección de ambos, y está ocupado por los
objetos transicionales, los cuales son reales como objetos, pero, al mismo
tiempo, podrán ser la representación de la madre ausente.
Esta zona intermedia de experiencia, no discutida respecto de su pertenencia a
una realidad interna o externa (compartida), constituye la mayor parte de la
experiencia del bebé, y se conservará a lo largo de la vida en las intensas y
variadas experiencias que corresponden, después, a otras necesidades, como son
el juego, el arte, la música, la vida imaginativa. El aporte de las necesidades
básicas se sitúan en una zona de interrelación, una tercera zona, relativamente
diferenciada de las otras dos (bebé-padres) que no son de ninguno, pero implican
a todos.
Figura 8: Luego de los 33 meses
CONCLUSIONES
Es posible
pensar un modelo que pueda dar cuenta de la integración inicial de lo biológico
y de lo emocional como elementos trascendentales de la humanización a partir de
la interacción del bebé con el aporte de las necesidades básicas. Lo somático
ingresa al psiquismo y pierde su cualidad para asumir otra psicológica y,
también, lo socio-cultural pierde su esencia al transformarse en contenido
psíquico. Esta es la humanización del niño. Los primeros contenidos psíquicos siempre
están fundados en lo corporal, y esas primeras fantasías fundantes se producen en
las relaciones del niño con sus padres, en ese espacio creado por ellos, donde
interjuegan las necesidades básicas y sus derivaciones. Siempre son complejos
procesos de transcripción que actúan en las diferentes fronteras de ese aparato
psíquico en ciernes, entre lo somático y lo psíquico que se separa de él, entre
lo psíquico y lo sociocultural, de los cuales la madre y el padre son sus representantes.

Figura 6 Movimiento entre el padre, la madre y el bebé
RESUMEN
1- INTEROGESTACIÓN
- SUMINISTROS BÁSICOS INTRAUTERINOS
El bebé se
encuentra rodeado por energías y vibraciones.
CONTENCIÓN–SOSTENIMIENTO-útero materno-placenta–cuerpo del bebé.
Noción de límite.
Seguridad antigravedad.
CONTACTO CORPORAL (tejido a tejido).
Dinámico.
Diferentes calidades y cantidades de
estímulos.
MOVIMIENTOS (oído vestibular, se registran todo tipo de movimientos).
(oído coclear, se captan los sonidos).
SUCCIÓN (boca-zonanoral).
La importancia de los estímulos
orales: los cuatro pares de nervios craneanos.
ALIMENTACIÓN
(cordón-vellón-placenta. Incorporación de nutrientes más oxígeno).
2 - PARTO-TRANSMUNDEO
3 - EXTEROGESTACIÓN - LA DIALÉCTICA DE LAS NECESIDADES BÁSICAS EXTRAUTERINAS (SOBRECARGA/ EQUILIBRIO/ CARENCIA)
a) CONTENCIÓN-SOSTENIMIENTO
(cuerpo materno-regazo-brazos-bebé).
b) CONTACTO
CORPORAL (piel a piel).
c) MOVIMIENTOS
(oído vestibular).
SONIDOS
(oído coclear).
d) SUCCIÓN
(boca-zona oral).
e) ALIMENTACIÓN
(cordón-vellón-placenta).
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(*) Dr. Alberto O. Grieco
Médico neonatólogo y pediatra
Miembro de la S. A. P. (Sociedad Argentina de Pediatría)
Miembro de la A. A. P. (American Association of Pediatrics)
Médico Auditor AGCBA (Auditoria General Ciudad de Buenos Aires)
Presidente CODEI (Partido de Tigre)
agrieco@fibertel.com.ar
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