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Toda visión se cambia en contemplación, en reflexión, de suerte
que se pueda decir que cada vez que dirigimos una mirada atenta
al mundo, teorizamos."
Goethe
Entre los seres
humanos y desde la antigüedad la adopción ha sido una práctica habitual
que ha permitido, de distintos modos y según el contexto histórico
social en el que se realiza, el establecimiento de una vinculación
parental filial, sin que la condición biológica la determine. Dicha
condición no lleva implícito el deseo de un hijo así como la imposibilidad
de gestarlo no lo anula.
En diferentes especies, la adopción ha sido un acto espontáneo de
crianza sustituta que actúa en favor de la vida ante circunstancias
que pudieran atentar contra ella.
Desde la estructura social del pater familia de la antigua Roma
y sus abusos sobre los hijos, pasando por la paulatina intervención
de los magistrados y la regulación normativa del estado en la protección
del menor hasta la actualidad, la adopción sigue siendo el medio
con el que la cultura cuenta para posibilitar en muchos casos el
deseo de ahijar y responder a la necesidad de un niño de tener padres.
La adopción es un tema convocante y perturbador que ha dado y dá
que hablar a padres, profesionales y a todas aquellas personas sensibles
a sus diferentes aristas. No nos proponemos desarrollar aquí las
complejidades propias del proceso de pre-adopción y adopción ni
sus formas de vinculación familiar, sino reflexionar acerca de las
dificultades que atravesamos los profesionales dedicados a este
tema cuando intentamos teorizar psicoanalíticamente sobre el mismo.
La adopción produce cierta " intranquilidad necesaria", un grado
de conflictividad interesante como para generar escenas fantasmáticas
en los mismos profesionales que nos dedicamos a ella. Dichas escenas,
entramadas con la propia novela familiar, facilitan la construcción
de distintas teorías en relación a lo que " es la adopción" en el
imaginario de cada uno de nosotros, siguiendo el modelo de los efectos
que las teorías sexuales infantiles producen en la percepción de
la realidad.
Ideologización teórica y resistencia en el analista
Las teorías sexuales infantiles tienden en algunas circunstancias
a ideologizar las teorías científicas y como una suerte de intromisión
del proceso primario en el secundario dar lugar a supuestos generales
y extremos. Así, para algunos teóricos, la adopción es la marca
de lo antinatural, una suerte de estigma en relación a la falta
y la castración, sin opción a elaboración genuina alguna. En el
otro extremo, una tendencia a la puesta en juego de negaciones y
desmentidas a sostener que en el proceso de adopción ocurra algo
diferente a otros procesos del ahijar. De este modo se abren dos
posiciones teóricas, las "culturalistas" y las "naturalistas", que
aisladas y excluyentes entre sí, eluden el conflicto que supone
sostener la idea de la cultura como posible soporte de la continuidad
biológica.
En la época en que el Psicoanálisis ingresaba en Argentina, alrededor
de la década del 40, la adopción era uno de esos temas "tabú" que
desde el mandato social había que "padecer" en la intimidad del
ámbito familiar, transformando un deseo por cumplir en un hecho
inconfesable: "de eso no se habla", o "el niño no debe saberlo".Familiares,
amigos y profesionales, involucrados en este secreto, desplegaban
una suerte de red para sostener ese silencio.
El psicoanálisis de niños intentó comprender este "tabú", esa especie
de prohibición a comer el fruto del árbol de la sabiduría y los
analistas comenzaron a investigar. El psicoanálisis, expulsado del
paraíso, entendió el secreto de la adopción en términos de conflicto.
Apeló a su teoría de la represión y a alguno de las formas en que
ella se expresaba: la desmentida y la renegación. Puso el acento
en la cuestión de los mitos, en la novela familiar y la necesidad
de desentrañar "el misterio" se tornó el objetivo, el camino a recorrer,
que terminaría en el mejor de los casos, en el develamiento de una
cierta verdad (verdad que hoy no podríamos afirmar con certeza cuál
es).
Pero el diablo metió la cola y una cierta tendencia a la generalización
y a conceptualizaciones universales no escaparon a este nuevo pensamiento
psicoanalítico, estableciendo un valor traumático " per se" en la
situación de adopción, el status de marca psíquica que impidió en
algunos casos y desde esa misma mirada psicoanalítica, entender
este hecho peculiar dentro de la trama de la historia individual.
Pretendimos comprender pero nos deslizamos hacia una especie de
peligrosa estigmatización: comenzamos a hablar del "niño adoptado"
y "su patología específica", lo cual estrechó el campo de la observación
terapéutica.
Además, los prejuicios sociales le imprimen a la adopción un cierto
carácter dudoso, algo relativo a lo diferente, lo raro y ajeno,
lo sustraído, lo robado. Esta imagen, el lado oscuro y sórdido de
la adopción tiene mucha prensa y sin duda alerta al inconsciente
colectivo pero a la vez lleva a confusión, confusión que transforma
la naturaleza de un deseo lícito en un acto sospechado, del orden
del delito.
Las figuras tales como el tráfico de menores, alteración de identidad
por sustracción de menores, etc. no forman parte del capítulo de
la adopción salvo en lo atinente al delito y la criminología o al
Derecho Penal que sobre ellos investiga. Sin embargo, nos llama
la atención la reiteración en muchos escritos dedicados al tema
adopción, y dirigidos generalmente a padres en dicho proceso, las
continuas advertencias sobre el costado delictivo del proceso. Los
psicoanalistas, en general, intentan reflexionar sobre el psiquismo
humano. Cuando conceptualizamos sobre adicciones, no nos ocupamos
de los derroteros del narcotráfico y a riesgo de pecar de exagerada
rigurosidad o simplificación, intentamos diferenciar a la adopción
de la corrupción de los sistemas que pueden favorecer dichos actos
delictivos.
Nos preocupa la mala prensa pero no pretendemos hacer "la buena".
Es nuestro interés poner al tema adopción fuera del alcance de un
discurso seudopsicoanalítico, de fácil acceso a los medios de comunicación,
que por un lado pondera la singularidad de la historia y al mismo
tiempo y detrás de la aparente comprensión de las vicisitudes de
dicho proceso, generaliza, al acentuar las diferencias entre hijos
biológicos e hijos adoptivos, padres biológicos y padres adoptantes,
deseos de adoptar y deseos de tener un hijo. Dichas discriminaciones
y los intentos radicalizados de diferenciación, desmienten la capacidad
metaforizante del inconsciente, al mismo tiempo que, ancladas en
la fatalidad biológica, evidencian su origen superyoico.
Una tendencia a la recetología y la puericultura, de masiva difusión
y con cierto afán dirigista, elaboró distintas estrategias y técnicas,
respondiendo a una suerte de lineamiento ideológico en relación
al asesoramiento para padres; un decálogo de señalamientos y recetas
sobre cómo informar:
¿qué?, ¿dónde?, ¿quién?; " Que lo diga el pediatra", "que lo diga
la psicóloga", etc. Ausentes a sí mismos, se les intentó enseñar
a los padres adoptantes "cómo llegar a serlo", "cómo llegar a querer
a sus hijos adoptivos" (desde esta consideración casi ajenos y siniestros).
Se los congeló en ese "ser adoptantes y adoptados", imponiéndoseles,
"per vía di porre", una sujeción irrestricta al ideal: "ser más
padre que cualquier padre", lo que culmina a nuestro entender, en
la destitución de sus propios lugares.
Ese mismo discurso psicológico transmite algo así como una idea
de préstamo de hijo, de "niño que es prestado para que el padre
haga de padre" sin serlo "en la realidad", generando la idea que
los padres adoptantes están mucho más expuestos a hacer pseudoidentificaciones
o a manejarse en el terreno del falso self, del "como si" al modo
de una parodia. No coincidimos con ese discurso y proponemos para
mayor comprensión sobre los fenómenos filiatorios, seguir la línea
de la teoría psicoanalítica y más específicamente, la de las identificaciones,
dentro de la matriz simbólica del Edipo.
Obviamente y como ya dijimos, la adopción es convocante. Genera
interrogantes, provoca interés teórico, abre polémicas según sean
los ámbitos en los que se la discute: la filosofía, la ética, el
derecho, la psicología, la sociología, etc. La interdisciplina permite
un enfoque más abarcativo de los fenómenos que investiga. Pero el
deslizamiento discursivo y la superposición de esquemas teóricos,
confunde y distorsiona. Cuando el discurso psicológico (deseo, pulsión,
trauma) es diluído en el social (pobreza, sometimiento y tercer
mundo) y salpicado con terminología legalista, hemos abandonado
la interdisciplina para meter, en este caso a la adopción, en una
enorme bolsa de gatos.
La novela familiar en juego:
No es lícito darle a los niños todo lo que
sabeís...
Goethe
Acosados por el temor a "no informar", a "engañar al niño", tanto
padres como psicoanalistas y por formación reactiva, tendimos a
sobrevalorar el tema de la información como valuarte en las cuestiones
sobre adopción. Partiendo de dicha creencia, que como tal comparte
con los mitos y los prejuicios, las mismas características que las
ideas delirantes, el "hay que decir la verdad" adquirió un cierto
carácter fundamentalista sin que nos lo cuestionáramos demasiado.
Pero surgió la paradoja: ¿de cuál verdad hablábamos?, ¿cuál de todas
ellas? ¿Son los padres pero no son los padres?... que no son pero
son..., la mamá de panza...mamá del corazón.... Nos preguntamos
entonces, qué sería para este discurso, ¿ser un verdadero padre
o un verdadero hijo?
Como dice Diana Turjanski al hablar de la novela familiar en el
niño que ha sido adoptado: el niño necesita construir su propia
novela, su propia familia. ..."a la propia (se refiere a la familia)
no la equiparamos con la de "la realidad histórica objetiva" o con
"la verdad material", sino con la realidad individual, siempre abierta
a nuevas experiencias, en la cual cada uno va encontrando y perdiendo,
en un contínuo suceder, al que se es".
La singularidad en la mente del analista:
El psicoanalista se llama a la reflexión en cuanto a esa tendencia
a la generalización y observa los hechos que requieren de sí un
trabajo de análisis y de elucidación del que no debemos privarnos.
La observación unidireccional puede invitarnos a una estandarización
y universalización perdiendo de vista aquello subjetivo que nos
convoca a descifrar y comprender las distintas problemáticas que
la tendencia al conflicto pone en juego. La adopción de un niño
se nos impone como paradigma de un observable cuya singularidad
amplía su comprensión. En nuestra práctica los psicoanalistas nos
rescatamos cuando, "a oído libre", nos dejamos conducir por el "cada
caso" que la clínica nos aporta.
Cuando llega al consultorio un niño o un padre, no nos llega más
que eso; el adjetivo viene a la postre, remite a algo, una serie
de representaciones a mano de la escucha analítica y sobre las que
surgen asociaciones. No llega ni un adoptado ni un adoptante. Correríamos
el riesgo de tratar a la cosa por su atributo, de hacer del adjetivo
y la cualidad, el sustantivo mismo.
No escapa a nuestra reflexión que el hecho mismo de escribir sobre
el tema podría ser visto como la paradoja de nuestras ideas: ¿por
qué escribir sobre adopción si éste es un capítulo más del comportamiento
humano? Como dice Winicott: "si todo anda bien con la adopción,
entonces la historia es una historia corriente y debemos estar familiarizados
con los trastornos y contrariedades de la historia humana corriente,
con sus infinitas variaciones, si aspiramos a comprender los problemas
inherentes a la adopción".
Al teorizar, intentamos restituir al acto de adopción el sentido
original que creemos ha tenido: ser padres de hijos que a su vez
necesitan tener padres y ser ahijados por ellos. Si nos es posible
buscamos atenuar las ansiedades persecutorias agregadas al trabajo
psíquico implícito en una adopción que alguna literatura específica
con su sobreinformación intensifica en futuros padres desprevenidos
que acatándola al pie de la letra desestima lo que les inquieta:
cómo llevar adelante el deseo de un hijo al que la biología le hace
obstáculo.
En la clínica, en el trabajo con los padres, tratamos de resistirnos
a partir de algunos supuestos básicos tales como hacer del abandono
y la pérdida la marca psíquica insistente ante cada conflicto que
aparezca. Proponemos hablar de separación y encuentro, origen de
la vinculación que intentaremos no interferir. Escuchamos su mundo
fantasmático y las diferentes teorías que sustentan el deseo de
ser padres, patológicas o no. Ese deseo adquirió convicción en la
decisión de adoptar y es interesante observar la posición melancólica
de los padres en general y los adoptantes en particular en la que
el apoyo de la figura del analista favorece el ejercicio de la paternidad.
La cultura como sostén de la continuidad biológica:
Una abundante cantidad de literatura psicoanalítica sobre adopción
resalta las diferencias, objeciones y peligros futuros ante la adopción.
Dos discursos en controversia.
Seguimos una línea de continuidad que encontramos en algunos autores
como Winicott, D.Abadi, C.Cárcamo, S.Bleichmar, A.Perez, J.Winocur,
S.Arbiser.
Nos interesa sostener el pasaje de la naturaleza a la cultura, el
pasaje por el que cada madre y cada padre deben atravesar y que
se repite en cada individuo. Podríamos decir: toda madre o padre
natural debe pasar a madre o padre cultural, adoptando a su cría,
biológica o no, concibiendo a la cultura como un soporte de la continuidad
biológica de la especie.
La filiación y sus vicisitudes ha sido en general un tema de interés
para el psicoanálisis. Las soluciones que la cultura contemporánea
aporta a la imposibilidad de procrear, y a sea a través de la adopción
o de las variadas técnicas de reproducción existentes, nos conmociona.
El hecho de que una realidad frustrante pueda ser sustituida en
algunos casos por otra que no lo sea y "en la realidad", conmueve
nuestro modo de mirar y pensarla. Estos cambios impactan al aparato
psíquico y los analistas estamos invitados a repensar el modo en
que estos nuevos elementos que la cultura aporta serán absorbidos
o tramitados en lo inconsciente.
Psicológicamente se satisface el deseo de un hijo, biológicamente
se propende a cumplir con lo que llamamos la continuidad de la especie
y en ese anudamiento, la cultura puede dar sostén o no en el sentido
de estar al servicio de la vida o de la destructividad.
En el corazón de la teoría psicoanalítica habita el Edipo de Sócrates,
el hijo adoptivo por excelencia, con sus cuestionamientos infatigables
y su afán investigativo.
El psicoanálisis no pretende " cambiar el destino ", o volver como
el héroe a "salvar a Tebas", sino más bien hacer de la escucha el
recurso adecuado para comprender este acontecimiento (adopción),
siguiendo el sentido de una historia individual.-
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